
Ir en Moto a trabajar…
Las vantajas son muy bien conocidas:
- Te diviertes por el camino.
- Tienes esos minutos en los que el alma y el espíritu bailan en armonía con la libertad, despejando el horizonte para afrontar las responsabilidades del trabajo.
- Es más económico y, desde el punto de vista medioambiental, menos contaminante.
- Es una opción de independencia individual y soberana, la última que tomas antes de pensar en el colectivo (empresarial), donde las decisiones que tomas no son individuales, sino parte de una cadena colectiva de acciones y decisiones que afectan al conjunto de la empresa.
- Es fácil de aparcar.
- Tienes siempre un motivo para mirar hacia atrás cuando la dejas aparcada.
- Cuando terminas tu jornada, sabes que te espera una fiel compañera y que, con solo montarte, ya sientes cómo el estrés alivia su presión.
- ¡La mejor terapia de todos los tiempos!
¿Los inconvenientes?
Bueno, ¡lo que me sucedió no hace mucho!
¡Tener un accidente y no poder ir a trabajar!
Viernes, 12 de junio del Año de Nuestro Señor. Un día de sol y temperaturas veraniegas, con los caminos recuperándose de las últimas gotas de una primavera lluviosa.
Monto en BabieKa para ir a trabajar y decido que, por el bien de sus tacones (tengo ruedas de enduro montadas), habría que optimizar el desgaste y buscar un trayecto que tuviera poco asfalto, cambios de rasante, piedras sueltas y algún charco para enfriar los bajos.
¡La elección estaba hecha y, como además iba a acortar distancias, llegaría con tiempo suficiente para hacer mi trabajo sin agobios!

Nada como hacer una mini, muy mini, mini-mini ruta antes de ir a trabajar.
Una ruta que trazaría una línea casi recta desde Urrea de Jalón hasta el Aeropuerto de Zaragoza, recorriendo caminos agrícolas, algunos rotos, otros en buen estado, con dificultades fáciles y medias según el tramo.El trayecto tenía todo lo necesario para llegar al trabajo con las baterías cargadas de energía positiva, tan importante para afrontar una jornada de trabajo como la mía.
A cada bache, a cada reguero, piedra suelta o despegue de la rueda delantera, BabieKa proporcionaba sonrisas dentro del casco, una subida de confianza en el espíritu y ese sentimiento de libertad que, en el camión, tantas veces se ve limitado por el siempre importante cinturón de seguridad.
Pero los montes no están libres de peligros…
Y los peligros a veces los fabrica esa falsa sensación de libertad al estar solos, de tener el camino en exclusiva para nosotros y por la “supuesta” ausencia de control (policías).
Así que siempre hay alguien que se deja llevar por la adrenalina y baja la guardia, aumentando la velocidad y ocupando la totalidad de la plataforma del camino, que a veces no tiene visibilidad suficiente para asegurar que no haya más gente circulando.
¡Eso me pasó a mí!
En la parte más fácil del camino, una curva que no era difícil pero en la que la presencia de los arbustos limitaba considerablemente la visibilidad, me encontré de frente con una pick-up…

El conductor iba divirtiéndose como yo, pero quizás inconsciente de que su vehículo no dejaba espacio útil para cruzarse con otros usuarios del camino.
En un instante, por detrás de los arbustos, apareció el enorme morro de la pick-up. La maniobra de evasión que hice evitó un choque frontal (aunque aún no estoy cien por cien convencido de haber evitado totalmente el contacto). Sin embargo, provocó tal desequilibrio que terminé con los huesos en el suelo y la frente de BabieKa apoyada sobre el arcén del camino.
Ignacio (llamémosle así al otro conductor) se preocupó inmediatamente por mí, mostrándose tan sorprendido como yo por toda la situación.
Me dolían el pie y la pierna, y comprobaba constantemente si había algún movimiento limitado que delatara una lesión más grave de la que ya tenía.
Ignacio rápidamente se mostró dispuesto a ayudarme y, una vez recompuesto del susto, se ofreció a hacer un parte amistoso e intercambiar los datos con la intención de reparar los desperfectos que BabieKa había sufrido.

BabieKa tenía la torre de navegación torcida, con la cúpula hundida hacia dentro, provocando en el soporte DMD – Off Road Holder sus primeros arañazos.

La parte delantera, las tijas y las barras de la suspensión estaban torcidas y desalineadas.
Aparentemente no era muy grave, pero, claro, no se sabía qué posibles averías o daños podían estar ocultos.

Y los hiperresistentes y castigados protectores de manos se habían roto.
El deflector desgarrado da prueba de que la caída fue violenta y con mucha fuerza.
Con los papeles hechos y las disculpas aceptadas, era el momento de ponerme a prueba y montar en BabieKa para ir a trabajar.
La idea era ir a trabajar, sin más.
Pero las vibraciones de la moto, la postura y, quizás, la bajada de la adrenalina hicieron que empezara a notar un fuerte dolor en el tobillo derecho y, lo que era más preocupante, dolor en determinados movimientos del hombro derecho.
Cuando llegué a la empresa ya apenas apoyaba el pie en el suelo y el dolor era cada vez más agudo.
Fui al hospital y no hay nada que decir sobre la atención recibida. Muchas gracias a todo el personal por su interés, esfuerzo y profesionalidad.

Salí del hospital con una contusión en el tobillo derecho, una quemadura por fricción en la parte interior de la pierna derecha y con el sentimiento de que podría haber sido mucho peor.
Si no hubiera ido en moto y no hubiera reaccionado con rapidez, posiblemente habría sufrido un choque frontal.

Después de un tratamiento de hielo tres veces al día y mucho reposo, a día de hoy el pie está bastante mejor, libre de hinchazón, y la herida ya se va cerrando poco a poco sin grandes problemas.
Han pasado ya unas semanas desde aquel 12 de junio y BabieKa ya está lista para volver a las andanzas.
La idea es ir poco a poco, restableciendo la confianza y las sensaciones en trayectos cortos, como ir a hacer recados a Zaragoza o ir a trabajar en moto.
Y es que la terapia de ir en moto es lo único capaz de aliviar el estrés de un día entero al volante de un camión.